Las sociedades occidentales y modernas parecen inclinarse cada vez más hacia el laicismo, por lo que es lógico pensar que, a medida que otros países se suben al tren del desarrollo y alcanzan cotas de bienestar similares o más elevadas que las actuales, los seres humanos tenderán, de manera global, a abandonar sus creencias o, al menos, a replanteárselas o a dejarlas en un segundo plano frente a otros valores. Si embargo, los hombres del futuro nacerán más predispuestos a creer en algún tipo de dios y a dar a la vida un sentido más espiritual, porque así lo marcará su genética, según un estudio elaborado por Robert Rowthorn, investigador de la Universidad de Cambridge. El trabajo, publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B, se basa en algo bastante sencillo en realidad, las altas tasas de fecundidad de los grupos humanos religiosos. Esos elevados niveles, según el modelo de Rowthorn, afectarán al futuro de la evolución genética humana y, por lo tanto, a la «estructura biológica» de la sociedad.
"Si la fertilidad de la gente religiosa sigue siendo más alta que la de los agnósticos, los genes que predisponen a las personas hacia la religión se extenderán», afirma Rowthorn a PhysOrg.com. Esto no significa que todo el mundo abrace alguna fe, ya que «los genes no son un destino», matiza el autor del informe, profesor de Economía. «Muchas personas que están genéticamente predispuestas hacia la religión pueden llevar una vida
